sábado, 11 de julio de 2015

Restaurante La Breña (Caños de Meca, Cádiz)




El pasado domingo 28 de Junio, estuvimos celebrando nuestro 8º Aniversario en el Restaurante La Breña (Caños de Meca, Cádiz).

Nos habían hablado muy bien de él y habíamos visto buenas referencias en Google y Tripadvisor. Si no tengo mal entendido el Chef Mauro Barreiro les ha asesorado en su carta (también en la del Restaurante Arohaz, en Zahora, de los mismos dueños) y toman referencias de otros chef cuyas materias primas principales son los productos de la mar, como Ángel León. Las expectativas por tanto eran bastante altas, y por tanto también la incertidumbre de ver si se cumplían.

Llegamos temprano, bastante antes de la hora de la reserva. Tiene un parking privado y nos dejaron usarlo mientras nos bajábamos a darnos un baño en una de las muchas y pintorescas calas de las que la zona hace gala. Playas totalmente salvajes y naturales con un inmenso e infinito mar que se abre ante ti, con el Cabo de Trafalgar de fondo.

A la hora prevista nos subimos a restaurante (digo subir literalmente, pues está a 50 metros de la playa). Cabe decir que a esa hora, estaba muy tranquilo (entiendo que tienen más ajetreo por las tardes) y se agradecía en cierto sentido. Desde la terraza donde estaba nuestra mesa se podía observar todo el mar y parte de las calas, por tanto el enclave es maravilloso.

Mientras echábamos un vistazo a la carta pedimos un aperitivo. Así mismo también miramos la carta de vinos. Eché de menos el poder tomar un espumoso por copa (ya que no lo servían por copas y mi acompañante no le apetecía ese vino), pero entiendo el por qué ya que estos vinos tienen mucha merma una vez abierta la botella. En cuanto a los blancos por copa puedes encontrar los típicos de la tierra de Cádiz y los tintos alguna que otra referencia conocida y que para mí tienen más fama que calidad. Aún así es justo decir que apuestan por vinos no comerciales y famosos, abriendo así las posibilidades de encontrar cosas sorprendentes. Finalmente me decanté por un Ribera del Duero, Miros Crianza, que estaba bastante bien.

Para comer decidimos pedir todo al centro para compartir. Una forma muy contemporánea de disfrutar de la gastronomía. Puedes degustar diferentes platos y probar más cosas de la carta. Además en este lugar en cuestión, tienen la posibilidad de medios platos o raciones, con lo que esa oferta se vuelve más atractiva.
Tienen un arroz de plancton que dejamos para la siguiente ocasión. Nuestro objetivo era el atún de almadraba.

Para empezar pedimos dos tipos de croquetas (se nos pasó hacerles fotos, jejeje). De jamón ibérico con parmesano y de chocos con plancton. Las croquetas se notaban que eran caseras (como era de esperar). Las de jamón estaban deliciosas. Ambas de ellas en su punto justo de cocción, sin exceso de frito ni aceite. El empanado era fino y crujiente. La masa era suave y consistente pero a su vez con un textura esponjosa. Las de choco y plancton te hacían cerrar los ojos y te llenaban la boca con todo el sabor a mar. Todo un acierto.

Después pedimos tres platos de atún, cocinados de diferentes formas y que os comentamos a continuación:

1. Ceviche de atún rojo de almadraba con polvo de frutos secos, mango y pétalos.


La presentación del plato habla por si sóla. La decoración está cuidada al máximo. Hace que te entre por los ojos y que la predisposición sea perfecta. Tenía un punto picante característico del ceviche, bastante equilibrado con el frescor del mango y el aporte floral y crujiente de los pétalos y los frutos secos respectivamente. 
Para este plato podríamos elegir, sin miedo a equivocarnos un vino amontillado, para su armonía.
Sin duda, el plato que más nos gustó.


2. Dados de atún rojo de almadraba marinados con caviar de salmón y pez volador.
3. Tataki de atún rojo. 
Ambos en la misma tabla y acompañados de gengibre, wakame (algas japonesas), emulsión de wasabi (menos picante y equilibrado) y salsa de soja.


Los daditos de atún marinados son una auténtica delicia. Con ese punto que quizá pudiéramos encontrar en un tartar de atún, pero mucho más jugosos. De un color profundo y brillante y sabor aún mejor.
El tataki, perfecto para hacerte unos mini-montaditos con los ingredientes que le acompañan. Sabor, texturas y color. Una explosión en la boca.
El maridaje de este plato me habría gustado hacerlo con el espumoso que os comenté antes, aunque el vino tinto, por aquello de ser un "carne" potente y jugosa, salvó el envite.

Para terminar pedimos dos postres. Un brownie con bombón de fresa (volvimos a quedarnos sin foto antes de hincar el diente) y una milhoja tostada con crema de vainilla y fresas frescas.


Este último lo tienen como el postre estrella y con todo el merecimiento. Ya no nos daba para más el pedir un vino, por aquello de conducir. De haberlo hecho con un moscatel habría sido genial.

Decir que la atención fue más que correcta, si bien me gustaría ver un servicio a pleno rendimiento, para poder opinar con mayor criterio. Eso sí, los chicos son súper amables y atentos. Nos trataron de diez.

En definitiva, una experiencia muy satisfactoria que esperamos poder repetir pronto en el otro establecimiento que tienen. 

Os dejo los enlaces de las webs del establecimiento así como el de Tripadvisor. Además es hotel así que tenéis todo para disfrutar de un par de días con sol, playa, descanso y muy buena oferta gastronómica. Altamente recomendable.


Para terminar el día pusimos rumbo a la playa del Palmar. Un verdadero paraíso en medio de la Costa de la Luz gaditana. Ves el atardecer y te tomas un cóctel en cualquier garito con música en directo... Y a disfrutar!!!


Isaac M. Ortigosa





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